LA PARENTELA, XIII. DECIMATERCERA VERSIÓN. Por Silviano MARTÍNEZ CAMPOS

LA PARENTELA, XIII. DECIMATERCERA VERSIÓN. Por Silviano MARTÍNEZ CAMPOS.

vía LA PARENTELA, XIII. DECIMATERCERA VERSIÓN. Por Silviano MARTÍNEZ CAMPOS.

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Navidad: fiesta de la humanidad de Dios y de la comensalidad humana. Leonardo Boff

Navidad: fiesta de la humanidad de Dios y de la comensalidad humana

24/12/2014

La Navidad está llena de significados. Uno de ellos ha sido secuestrado por la cultura del consumo que, en vez del Niño Jesús, prefiere la figura del vejete bonachón, Papá Noel, porque es más llamativo para los negocios. El Niño Jesús, por el contrario, habla del niño interior que llevamos siempre dentro de nosotros, que siente necesidad de ser cuidado y que, una vez que ha crecido, tiene el impulso de cuidar. Es ese pedazo de paraíso que no se ha perdido totalmente, hecho de inocencia, de espontaneidad, de encanto, de juego y de convivencia con los otros sin ninguna discriminación.

Para los cristianos es la celebración de la “proximidad y de la humanidad” de nuestro Dios, como se dice en la epístola a Tito (3,4). Dios se dejó apasionar tanto por el ser humano que quiso ser uno de ellos. Como dice bellamente Fernando Pessoa en su poema sobre la Navidad: «Él es el eterno Niño, el Dios que faltaba; el divino que sonríe y que juega; el niño tan humano que es divino».

Ahora tenemos un Dios niño y no un Dios juez severo de nuestros actos y de la historia humana. Qué alegría interior sentimos cuando pensamos que seremos juzgados por un Dios niño. Más que condenarnos, quiere convivir y entretenerse con nosotros eternamente.

Su nacimiento provocó una conmoción cósmica. Un texto de la liturgia cristiana dice de forma simbólica: «Entonces las hojas que parloteaban, callaron como muertas; el viento que susurraba, quedó parado en el aire; el gallo que cantaba se calló en medio de su canto; las aguas del riachuelo que corrían, se estancaron; las ovejas que pastaban, quedaron inmóviles; el pastor que erguía su cayado quedó como petrificado; entonces, en ese preciso momento, todo se paró, todo se silenció, todo se suspendió: nacía Jesús, el Salvador de las gentes y del universo».

La Navidad es una fiesta de luz, de fraternidad universal, fiesta de la familia reunida alrededor de una mesa. Más que comer, se comulga con la vida de unos y otros, con la generosidad de los frutos de nuestra Madre Tierra y del arte culinario del trabajo humano.

Por un momento olvidamos los quehaceres cotidianos, el peso de nuestra existencia trabajosa, las tensiones entre familiares y amigos y nos hermanamos en alegre comensalidad. Comensalidad significa comer juntos reunidos en la misma mesa como se hacía antes: toda la familia se sentaba a la mesa, conversaban, comían y bebían, padres, hijos e hijas.
La comensalidad es tan central que está ligada a la aparición del ser humano en cuanto humano. Hace siete millones de años comenzó la separación lenta y progresiva entre los simios superiores y los humanos, a partir de un antepasado común. La singularidad del ser humano, a diferencia de los animales, es la de reunir los alimentos, distribuirlos entre todos comenzando por los más pequeños y los mayores, y después los demás.

La comensalidad supone la cooperación y la solidaridad de unos con otros. Fue ella la que propició el salto de la animalidad a la humanidad. Lo que fue verdad ayer, sigue siendo verdad hoy. Por eso nos duele tanto saber que millones y millones de personas no tienen nada para repartir y pasan hambre.

El 11 de septiembre de 2001 sucedió la conocida atrocidad de los aviones que se lanzaron sobre las Torres Gemelas. En ese acto murieron cerca de tres mil personas.

Exactamente en ese mismo día morían 16.400 niños y niñas con menos de cinco años de vida; morían de hambre y de desnutrición. Al día siguiente y durante todo el año doce millones de niños fueron víctimas del hambre. Y nadie quedó horrorizado ni se horroriza delante de esta catástrofe humana.

En esta Navidad de alegría y de fraternidad no podemos olvidar a esos que Jesús llamó “mis hermanos y hermanas menores” (Mt 25, 40) que no pueden recibir regalos ni comer alguna cosa.

Pero no obstante este abatimiento, celebremos y cantemos, cantemos y alegrémonos porque nunca más estaremos solos. El Niño se llama Jesús, el Emanuel que quiere decir: “Dios con nosotros”. Viene bien a la ocasión este pequeño verso que nos hace pensar sobre nuestra comprensión de Dios, revelada en Navidad:

Todo niño quiere ser hombre.
Todo hombre quiere ser rey.
Todo rey quiere ser ‘dios’.
Solo Dios quiso ser niño.

Feliz Fiesta de Navidad del año de gracia de 2014.

Traducción de Mj Gavito Milano

MOSAICO, 18-XII–014

 

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(Nuestra región. Foto smc)

Martínez Campos, 18/XII/014

 

GUÍA

MOSAICO

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 18 de Diciembre.- A LOS JOLGORIOS, preposadas, posadas y otros desfogues, que ha tomado entre nosotros por su cuenta y riesgo nuestro consumismo, podríamos añadir un “valor agregado”, en esta región de migrantes. Y es el hecho de que nuestros paisas de allá, del otro lado de la frontera, vienen a gastarse con nosotros sus ahorros de un año. Interesados que somos, porque aparte del derrame, en muchos casos en abundancia, de licores y botanas, hay considerable reparto de billetitos verdes entre familiares. Pero seriamos egoístas si solamente viéramos las cosas desde el interés puramente individual o acaso familiar, que viene a ser lo mismo. La derrama pecuniaria, ciertamente menor que antes porque los de allá ya no barren los dólares con escoba, si es que en tiempos de mayor bonanza lo hicieron, nos sirve de mucho porque sí, se activa el comercio, los servicios se “energizan” más de lo usual y caso de las fiestas, con su economía turística los nuestros de allá son el alma de las fiestas de aquí. Los de aquí también contribuimos, claro, a nuestra escala modesta, si es que logramos librar el calvario de cada año que significa el colocar nuestras cosechas (parece que esta vez no nos fue tan mal con el temporal) y que quienes controlan los precios de los granos den algo de chace. PERO NO VAYA  a creerse que los de allá y los de acá, todo lo midamos con dinero ni que tengamos un dólar en cada ojo cada vez que veamos a un paisano. Hay cuestiones más humanas y muy profundas que son las alegrías de los encuentros, o reencuentros entre los seres queridos y entre las amistadas. Y el gran reencuentro, aun cuando sea luego de un año, del paisano con su región, con su pueblito, con su entorno. Aquel recordar los tiempos idos, cuando había sintonía con su ámbito natural del campo, o del barrio en la ciudad. El recuerdo penoso, tal vez asumido, tal vez superado, de aquella ruptura que nos hizo separarnos “de nuestras raíces”, porque así lo exigió la necesidad, acaso la injusticia y perdimos la inocencia del paraíso. PARAÍSO QUE NO lo era tanto para muchos, porque los frutos de sus árboles eran prohibidos para los hijos de los primeros ejidatarios que ya no alcanzaron tierra, los cacicazgos fomentados por los poderes centrales, que sembraron desencuentros y a veces muchas lágrimas entre los amantes del terruño. O simplemente nos rebasaron los tiempos: ya no entendimos su “dinámica”, y las alas juveniles nos impulsaron a buscar lo que creíamos aquí no poder encontrar. Y nos volvimos pueblitos de emigrantes, región, Estado, país de migrantes. Y también fecundamos con la riqueza de nuestras manos y con nuestra cultura no por pueblerina menos valiosa, al país de la abundancia. Y nos volvimos necesarios para él y él se volvió necesario para nosotros. POR ESO Y por mucho más, agradecemos la visita de nuestros paisanos. Y les agradecemos y los festejamos. Así, la autoridad municipal de La Piedad, ha organizado un festival, en su quinta versión, para nuestros migrantes. Esto, del 17 al 19 del presente diciembre, “ con el objetivo de brindar un recibimiento a nuestros connacionales, así como difundir los servicios y trámites a los que pueden acceder en las dependencias municipales. En este evento también se estarán efectuando eventos recreativos, culturales y deportivos tanto en la cabecera municipal como en las comunidades rurales de Los Guajes, Ticuítaco y El Caudillo”, según lo anunciaba el programa respectivo. EN LA PARTE relativa a su mensaje, del tercer informe de gobierno,  el alcalde Hugo Anaya Avila expresó que    “Los ciudadanos y quien tome la estafeta que estaremos entregando en 2015, debemos estar conscientes que un municipio no se inventa cada 3 años. Debe haber una continuidad y planeación hacia el futuro. Construir día a día pensando no sólo en el beneficio inmediato, sino en la proyección para las siguientes generaciones”. QUEDARÁN PARA EL pasado aquellas arengas incendiarias entre “las partes” desde territorios tan vecinos como 90 kilómetros y el desentendimiento entre Cuba y los Estados Unidos irá también atenuándose. Un hecho realmente histórico fue el anuncio, ayer  por parte de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, de que ambos países reaundan relaciones rotas hará más de cincuenta años. Ahora Obama el presidente de la gran potencia, reconoce que el aislamiento hacia Cuba no ha funcionado y es el momento de ver las cosas de otra manera. Pues sí, se abre una amplia agenda de sugerentes cambios en las relaciones…Y de resistencias de sectores norteamericanos fincados todavía en los rescoldos de la guerra fría. Poco a poco, y sufrirá menos el pueblo cubano por el asedio del prologado bloqueo, y ambos  países podrán sentarse juntos, a la luz pública del mundo, a discernir sobre asuntos comunes, entre otros los relativos a la necesidad que tiene un país insular y una región norteamericana, de afrontar las amenazas del cambio climático en una zona donde la violencia de los huracanes va en aumento. (www.silvianomartinez.wordpress.com )

 

 

 

 

 

 

 

¿Dónde está el nudo de la cuestión ecológica?. I y II. Leonardo Boff

¿Dónde está el nudo de la cuestión ecológica? (I)

15/12/2014

Estamos acostumbrados al discurso ambientalista generalizado por los medios de comunicación y por la conciencia colectiva. Pero hay que reconocer que restringir la ecología al ambientalismo es incidir en un grave reduccionismo. No basta una producción de bajo carbono pero manteniendo la misma actitud de explotación irresponsable de los bienes y servicios de la naturaleza. Sería como limar los dientes de un lobo con la ilusión de quitarle su ferocidad. Su ferocidad reside en su naturaleza, no en sus dientes. Algo similar ocurre con nuestro sistema industrial, productivista y consumista. Está en su naturaleza tratar a la Tierra como un mostrador de mercancías a ser colocadas en el mercado. Tenemos que superar esta visión si queremos alcanzar otro paradigma de relación con la Tierra y así parar un proceso que puede llevarnos al abismo.

Estamos cansados de medio ambiente. Queremos el ambiente entero, es decir, una visión global del sistema-Tierra, del sistema-vida y del sistema-civilización humana, formando un gran todo, hecho de redes de interdependencias, complementaciones y reciprocidades.

Con razón la Carta de la Tierra tiende a sustituir medio ambiente por comunidad de vida, pues la biología y la cosmología modernas nos enseñan que todos los seres vivos son portadores del mismo código genético de base – los veinte aminoácidos y las cuatro bases fosfatadas– desde la bacteria más originaria surgida hace 3,8 mil millones de años, pasando por las grandes selvas, los dinosaurios, los colibrís y llegando hasta nosotros. La combinación diferenciada de esos aminoácidos con las bases fosfatadas origina la diversidad de los seres vivos. El resultado de esta constatación es que un lazo de parentesco une a todos los vivientes, formando de hecho una comunidad de vida que debe ser «cuidada con comprensión, compasión y amor» (Carta de la Tierra, n. I, 2). Lo que Francisco de Asís intuía en su mística cósmica, llamando a todos los seres con el dulce nombre de hermanos y hermanas, nosotros lo sabemos por un experimento científico.

Entre esos seres vivos resalta el planeta Tierra. Desde los años 70 del siglo pasado se afirmó, en gran parte de la comunidad científica, primero la hipótesis, y desde 2001 la teoría de que la Tierra no solo tiene vida sobre ella. Ella misma está viva, y ha sido llamada por su formulador principal, James Lovelock, y en Brasil por José Lutzenberger, Gaia, uno de los nombres de la mitología griega para la Tierra viva. Ella combina lo químico, lo físico, lo ecológico y lo antropológico de forma tan sutil que se vuelve siempre capaz de producir y reproducir vida. En razón de esta constatación la propia ONU, en una famosa sesión general el 22 de abril de 2009, aprobó por unanimidad llamar a la Tierra, Madre Tierra, Magna Mater y Pachamama. Es como decir que ella es un super Ente vivo, complejo, a veces contradictorio a nuestros ojos (hace convivir el orden con el desorden), pero siempre generadora de todos los seres, en sus distintos órdenes, especialmente es gestadora de los seres vivos, máxime de los seres humanos, hombres y mujeres.

Se añade aún este dato, que, según el bioquímico y divulgador de asuntos científicos Isaac Asimov, es el gran legado de los viajes espaciales: la unicidad de la Tierra y de la humanidad. Desde allá arriba, desde las naves espaciales y la Luna, dice él y lo confirman los astronautas, no hay diferencia entre ser humano y Tierra. Ambos forman una única entidad. En otras palabras, el ser humano, dotado de inteligencia, de cuidado y de amor resulta de un momento avanzado y altamente complejo de la propia Tierra. Esta evolucionó hasta tal punto que comenzó a sentir, a pensar, a amar, a cuidar y a venerar, como ya señalaba el gran cantor y poeta argentino indígena Atahualpa Yupanqui. Y he aquí que irrumpió el ser humano en el escenario de este minúsculo planeta Tierra. Por eso se dice que el hombre deriva de humus: tierra buena y fértil; o adamah en hebreo bíblico: hijo e hija de la tierra arable y fecunda.

Todo ese proceso de la gestación de la vida sería imposible si no existiese todo el sustrato físico-químico (la escala de Mendeleiev) que se formó hace miles de millones de años en el corazón de las grandes estrellas rojas, que al explotar lanzaron tales elementos en todas las direcciones, creando las galaxias, las estrellas, los planetas, la Tierra y nosotros mismos. Por lo tanto, esta parte que parece inerte, también pertenece a la vida, porque sin ella, ayer al igual que hoy, la vida y la vida humana serían imposibles.

La sostenibilidad –categoría central de esta visión– es todo lo que se ordena a mantener la existencia de todos los seres especialmente los seres vivos y nuestra cultura sobre el planeta.

¿Qué concluimos de este rápido recorrido? Que debemos cambiar nuestra mirada sobre la Tierra, sobre la naturaleza y sobre nosotros mismos. Ella es nuestra gran madre que al igual que nuestras madres merece respeto y veneración. Es decir, conocer y respetar sus ritmos y ciclos, su capacidad de reproducción, no devastarla como hemos hecho desde el adviento de la tecnociencia y del espíritu antropocentrista que piensa que ella solo tiene valor en la medida en que nos es útil. Pero ella no necesita de nosotros, somos nosotros los que necesitamos de ella.

Este paradigma está llegando a su límite, porque la Madre Tierra está dando señales inequívocas de estar extenuada y enferma. O reinventamos otra forma de atender nuestras necesidades vitales en relación con la Tierra o ella, que está viva, podrá no querernos más sobre su suelo.

Asumir esta nueva mirada y esta nueva práctica es para mí el gran nudo y el desafío decisivo de la cuestión ecológica actual.

Leonardo Boff es autor del libreto con DVD As quatro ecologias: a ambiental, a social, a mental e a integral, Mar de Idéias, Rio 2011.

 

 

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¿Dónde está el nudo de la cuestión ecológica? (II)

15/12/2014

En el artículo anterior con el mismo título abordamos el lado objetivo de la cuestión ecológica, tratando de superar el mero ambientalismo a partir de una nueva visión del planeta, de la naturaleza y del ser humano, como la porción pensante de la Tierra.

Pero esta consideración es insuficiente si no se completa con una visión subjetiva, aquella que afecta a las estructuras mentales y los hábitos de los seres humanos. No basta ver y pensar diferente. Tenemos también que obrar diferente. No podemos cambiar simplemente el mundo. Pero siempre podemos empezar a cambiar este pedazo del mundo que somos cada uno de nosotros. Y si la mayoría incorpora este proceso daremos el salto cuántico necesario hacia un nuevo paradigma de habitar la única Casa Común que tenemos.

Nos inspira la Carta de la Tierra, en cuya redacción tuve el honor de participar bajo la coordinación de M. Gorbachov entre otros. Insatisfechos con los resultados finales de la Rio+20 un grupo, entre ellos jefes de Estado, decidió hacer una consulta a las bases de la humanidad para levantar principios y valores con vistas a una nueva relación con la Tierra y a nuestra convivencia sobre ella. Cito la parte final que resume todo:

«Como nunca antes en la historia, el destino común nos invita a buscar un nuevo comienzo… Esto requiere un cambio de la mente y del corazón. Requiere un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal. Concluye la Carta: “debemos desarrollar y aplicar con imaginación la perspectiva de un modo de vida sostenible a nivel local, regional, nacional y global”» (n. 16 f).

Nótese que se habla de un nuevo comienzo y no solamente de alguna reforma o simple modificación de lo mismo. Dos dimensiones son imprescindibles: un cambio en la mente y en el corazón. El cambio en la mente ya ha sido abordado en el artículo anterior: la nueva visión sistémica, envolviendo Tierra y humanidad como una única entidad. Se podría incluir también el universo entero en proceso cosmogénico dentro del cual nos movemos y del cual somos producto.

Ahora podemos profundizar, aunque sucintamente, el cambio del corazón. Para mí aquí está uno de los nudos esenciales del problema ecológico que debe ser desatado, si realmente queremos hacer la gran travesía hacia el nuevo paradigma.
Se trata del degaste de los derechos del corazón. En un lenguaje científico-filosófico es importante, junto con la inteligencia racional e instrumental, incorporar la inteligencia cordial o sensible (véase Muniz Sodré, Adela Cortina, Michel Maffesoli).

Toda nuestra cultura moderna ha acentuado la inteligencia racional hasta el punto de volverla irracional con la creación de instrumentos para nuestra autodestrucción y para la devastación de nuestro sistema-Tierra. Esta exacerbación ha difamado y reprimido la inteligencia sensible con el pretexto de que obstaculizaba la mirada objetivista de la razón. Hoy sabemos por la nueva epistemología y principalmente por la física cuántica que todo saber, por más objetivo que sea, viene impregnado de emoción y de intereses.

La inteligencia sensible y cordial, que reside en el cerebro límbico que posee más de 200 millones de años, cuando surgieron los mamíferos, es la sede de las emociones, de los sentimientos, del amor, del cuidado, de los valores y de sus contrarios. Nuestra realidad más profunda (previamente existe el cerebro reptil con 313 millones de años) es el afecto, el cuidado, el amor o el odio, los sentimientos básicos de la vida. El neo-cortex, sitio de la razón intelectual, empezó a formarse hace 5 millones de años, se perfeccionó como homo sapiens hace 200 mil años y culminó como homo sapiens sapiens dotado de inteligencia racional completa hace apenas cien mil años. Por lo tanto, somos fundamentalmente seres de emociones y de afectos, base de todo el discurso psicoanalítico.

Tenemos que enriquecer la inteligencia intelectual e instrumental, de la cual no podemos prescindir si queremos explicar los problemas humanos. Pero ella sola se transforma en fundamentalismo de la razón, que es su locura, capaz de crear el Estado Islámico que degüella a todos los diferentes o la shoah, la solución final para los judíos. Dice el filósofo Patrick Viveret: «Solo podemos utilizar la cara positiva de la racionalidad moderna si la utilizamos amalgamada con la sensibilidad del corazón» (Por una sobriedad feliz, 2012, 41).

Sin el matrimonio de la razón con el corazón nunca nos moveremos para amar de verdad a la Madre Tierra, reconocer el valor intrínseco de cada ser y respetarlo y para empeñarnos en salvar nuestra civilización. Bien decía el Papa Francisco: nuestra civilización es cínica, pues ha perdido la capacidad de sentir el dolor del otro. Ya no sabe llorar ante la tragedia de miles de refugiados.

La categoría central de esta visión es el cuidado como ética y como cultura humanística. Si no cuidamos la vida, la Tierra y a nosotros mismos, todo enferma y terminamos por no garantizar la sostenibilidad ni rescatar lo que E. Wilson llama biofilia, el amor a la vida. Todo lo que cuidamos también lo amamos. Todo lo que amamos también lo cuidamos.
Para mí, el núcleo de la razón instrumental analítica que nos dio la tecnociencia con sus beneficios y también con sus amenazas debe ser impregnado por el núcleo de la razón cordial y sensible. Juntas constituyen el nudo de una ecología integral.

Entonces seremos plenamente humanos. Nos sentiremos parte naturaleza y verdaderamente la propia Tierra que piensa, ama y cuida. Entonces podremos creer y esperar que aun podemos salvarnos, sin necesitar pensar como Martin Heidegger: «solamente un Dios nos podrá salvar». Yes, we kann.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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MOSAICO, 10-XII-014

Martínez Campos, 10/XII/014

GUIA

MOSAICO

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 10 de Diciembre.- SE VINIERON A manos llenas las fiestas decembrinas, aun cuando no para todos. Luminarias, luces, dinámicas y relucientes figuras electrónicas en fachadas de casas y en las calles. Jolgorio y cantos que rebosan alegría y optimismo, aun cuando no para todos. Sería dramático y deprimente afirmar que México (y el mundo) está sumido en la barbarie, en el drama, en la violencia, en la tragedia. Pero sería ingenuo y hasta irresponsable asegurar que “aquí no pasa nada” y que los medios agrandan todo y dramatizan todo lo que tocan. A veces olvidamos que el mito aquel de Pandora será falaz y mentiroso se le quita el único don sobreviviente: La Esperanza. Sí, la Esperanza, pero no ingenua, sin fundamento. Y uno de los fundamentos para fortalecerla, es que el Mundo (también México) se está volviendo más transparente. Y la transparencia descobija trampas y latrocinios de políticos, manejos sucios de liderazgos, trampas y despotismos de naciones, y da cabe para que sí, la sociedad, sus  pueblos, sus etnias se revelen y se rebelen pacíficamente para debilitar y neutralizar a los opresores. Y nos damos cuenta de nuestros errores históricos llevados a las alturas de los mitos;  pero también nos damos cuenta de nuestros potenciales en servicio de la justicia, de la verdad y de la vida. Un juicio universal que nos está resultando adelantado, pero bien asentado en nuestro Planetita extraviado, en riesgo de implosión por obra y gracia de su mejor creación: nosotros el “homo sapiens-demens”. ESTE AÑO LA Presea “Dr. José María Cavadas” fue para el ameritado médico pediatra,  Javier Saldaña Venegas, por su aportación dentro de la asociación civil “Salvemos al Lerma”, la cual según autoridades contribuyó a fomentar acciones en torno al saneamiento del otrora caudaloso río, a su paso por La Piedad. Reconocido en la sociedad y particularmente en el gremio médico local, el galardonado será premiado el próximo lunes durante sesión solemne de Cabildo, a efectuarse en la Escuela de Artes, instalación junto al jardín La Purísima, sitio en el cual estuvo funcionando el Hospital Civil cuyo último director fue precisamente el médico premiado. La autoridad municipal, en voz del secretario del Ayuntamiento César Oceguera Estrada, puso de relieve los méritos del profesional premiado al dar cuenta de su trayectoria que incluye …”su destacada participación como el último director en activo del Hospital Civil “Benito Juárez” y el primer director del Hospital Regional. Así mismo ha recibido distinciones como el médico del año, por la Asociación Médica Piedadense, así como ser acreedor al mérito estatal que otorga el Hospital Infantil de Morelia”. Participaron en el proceso de discernimiento del premio, los regidores Tatiana Ayala Aviña, Ricardo Calderón Pérez y Salvador Ramírez Estrella y el dictamen respectivo estuvo a cargo del Cabildo municipal. EN UNA ENTREVISTA para GUIA  (21/XII/2004), le pregunté al ahora médico premiado:  —Alguna vez usted me dijo que el Lerma realmente no estaba muerto. ¿Sigue manteniendo esa opinión?.         —Sí. Y entre más le movemos este asunto, entre más se estudia la problemática, de una manera particular la problemática local, estoy plenamente convencido, convencidísimo de que toda la cuenca del Lerma-Chapala, con la voluntad de los políticos, los recursos económicos y con cultura en la gente, que es lo que veo más difícil, se pueda recuperar. Nada más que se me hace que no tenemos ninguna de las tres: no hay ni voluntad política, digo que sí hay dinero pero a lo mejor hay otras prioridades y para mí, como amante de la naturaleza, esto es una prioridad. Obviamente que las autoridades ven como prioridad otras cosas; pero dinero, a lo mejor pudiera haber, los recursos económicos para ir optimizando ciertas partidas para que lo que siempre hemos nosotros, el grupo civil Salvemos al Lerma, hemos manejado. La única forma de cómo se puede dar un tratamiento integral, es que cada comunidad que está en las riberas, resuelva su muy particular problema de contaminación. Allí estamos hablando de la otra parte que falta, la cultura ecológica. Entonces, de que es factible la recuperación, no le veo ningún problema, nada más hay qué solventar esos tres aspectos: voluntad de los políticos, economía y cultura de las gentes…” . INFORMES DEL COMITÉ para la zona metropolitana La Piedad-Penjamo “ha recibido un recurso superior a los 59 millones 853 mil pesos, recursos que han sido destinados principalmente para el saneamiento  del cauce del río Lerma, obras relativas, planeación y equipamiento urbano en beneficio de los dos municipios integrantes. El alcalde piedadense Hugo Anaya Ávila, aseguró que “En un tiempo record desde la constitución de esta zona metropolitana en el año 2011 se han logrado realizar obras de gran impacto en favor de toda la población”, dijo la presidencia municipal piedadense. (www.silvianomartinez.wordpress.com).

 

Dos fantasías del fin del siglo y del milenio: EL VUELO DE LA ORUGA. LA ORUGA ENDIOSADA. Silviano Martínez Campos

DOS FANTASÍAS DEL FIN DEL SIGLO Y DEL MILENIO:

EL VUELO DE LA ORUGA. LA ORUGA ENDIOSADA

Silviano Martínez Campos

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(FANT15)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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EL VUELO DE LA ORUGA

 

Silviano Martínez Campos

 

LA PIEDAD, 23-26 de Diciembre, días navideños.

—Cuando más  necesitaba, me abandonas. Y ahora vienes, suplicante, que escriba sobre ti: ¡Me decepcionas!

Hasta el alto funcionario de   alta casa,  mexicana, de muy lejano origen  pontificio ha decretado, en la solemnidad de la academia azteca, que ¡Fuera el Creacionismo de estas tierras! Salgo sobrando y has de saber que pensaba comentarte, por si acaso lo crees y lo asimilas,  la opinión del científico inglés, aquel que augura , como plazo irreversible de doce años, para que esto no tenga  más remedio. Así que no se puede, considera.

—Académico debe ser, el mexicano,  d’esos de la religión alternativa, así sean ciencias, sistemas, nuevos liberalismos, nuevas edades o algo parecido. Pero no me hagas opinar en lo que no soy competente.

—Yo menos. Y no digo  me hayas desterrado de la academia, aun cuando lo pretendas, ni de las iglesias aunque lo pretendas, pero me desterraste de tu vida y allí están las consecuencias.

—Bueno, eres Musa, o qué, porque en mi atrevimiento, he entrevistado a Dios, al diablo, a duendes y a microbios, pero no a entidades nebulosas que ni siquiera existen.

—Has dado en el clavo, pues ni siquiera existo.

—¡Conque a tu pueblo engañaste  por milenios, si es que pueblo tenías y tienes tiempo!, si he de basarme en anterior supuesto.

—Son cosas del lenguaje y, en el “tienes”, está tu perdición. ¡Aquí me tienes!

—Reconozco el tener, no me desdigo. Tengo poder, tengo mi ciencia. Tengo dineros en las arcas llenas. Tengo saber, conocimiento, sucedáneos que mitigan mis fatigas, tengo mucho poder, te tengo a ti, te tengo, ¡Y tengo!

—Tienes mucha razón, lo tienes todo, menos a mí muchacho  presumido, que te lo  expropias todo. ¡La  regaste!: Guerras de religión, debates turbios, cruzadas bendecidas o en mi nombre pero yo estaba allí, aun cuando no en decretales ni en espadas ni en cañones ni en metrallas ni en las bombas (tontas o inteligentes), sino en el hombre que sufre que desangra, en sus cuerpos, en sus almas.

—Trambuluqueado estoy y no comprendo: compresto eres Musa, eres microbio. Te disfrazas de duende, hada y en ángel, y hasta de extraterrestre. Si no fuiste creador ¡Qué fuiste, entonces! Y si esto sabías  iba a pasar, ¡Pa’qué me creates!

—No llores muchachito, has de guardar tus lágrimas. Acepto tus lamentos y plegarias. Pero acuérdate de Job, ¡Cómo le fue por exigirme cuentas! Contigo estoy de siempre, no me rajo. Y  pido, te suplico, reproduzcas, aquella la oración que te apenaba, porque creías que no era pertinente para el Dios de las alturas que soñabas. Pero el Dios que confiesas  no se raja, está contigo donde quiera existas, te acompaña en tus penas y en tus gozos y renace y renace por lo siglos.

—Me vuelves confianzudo, así ya cambia. Pero si tú lo quieres, sale y vale. ¿Resabios maniqueos, tal vez gnósticos y todo recogido a lo largo de mi historia destemplada? Los fragmentos aquellos ¡Qué atrevidos!,  en el 73. Lo mismos, lo aseguro, lo prometo, y de paso les doy su remozada:

PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN EL CIELO. Padre nuestro  porque creemos que lo eres. Tú generaste la explosión inmensa que según los astrofísicos fue el principio de la materia y después en espiral ascendente tejió las maravillas del cosmos, desde la micromolécula hasta el microcosmos de conciencia que es el hombre.

“Tu nos arrojaste a este remolino de vértigo que es la vida y nos lanzaste a una aventura dolorosa. Nos hiciste inmensos  porque colocaste dentro nuestro tendencia insaciable de conocer, de amar y nos has dado potencialidades inmensas de amar (o de odiar) de crear (o destruir)”.

Padre eres de la madeja aún no desecha del microcosmos del átomo y eres padre también de la célula que lleva en sí la vida y engendra vida. Padre eres, porque no tienes prisa, de los primeros microorganismos que despertaron azorados a la vida en la  inmensidad de los océanos vírgenes allá en aquellos tiempos para nosotros lejanísimos. Padre eres de los peces que salieron a tierra firme y transformaron sus aletas en  patas y sus branquias en pulmones  para respirar el aire aún no contaminado por la creatividad del  hombre.

Padre eres de aquellos monstruos biológicos que llamamos dinosaurios y padre eres de los cuadrumanos de los cuales nosotros dependemos por parentesco en millonésima generación. Padre eres también de las plantas y de las piedras, de los metales y de las montañas, del agua y del fuego, de las estrellas y de sus  planetas y sus posibles habitantes, y de las galaxias y sus posibles confederaciones de sociedades inteligentes.

Como padre te manifiesta en todo proceso viviente o  no viviente; en todo fenómeno social. Como padre te manifiestas en toda convulsión humana desde los tiempos de la vida de las cavernas hasta la edad en que el hombre ha amasado el uranio y el hidrógeno respondiendo a esa tendencia que le diste de crear (o destruir).

Padre te manifiestas en este tiempo doloroso para  nosotros en que nos agitamos presas de la desorientación y muchos hemos perdido la fe en la vida pero otros muchos nos renovamos y reorientamos nuestra mirada hacia el nuevo hombre, el hombre cósmico.

Padre nuestro eres (pues nos has dado como herencia todo un cosmos donde habitas) PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN LOS CIELOS.

Estás en los cielos, en el cosmos poblado de galaxias, desde el centro a la periferia del universo, rumbo a los cuatro puntos cardinales del universo.

Nuestro cielo comienza en la tierra, en este pequeño planeta al que bautizamos con el nombre de Tierra; pero tu cosmos no tiene “fin” aunque tuvo principio. No tiene fin para nuestras miradas porque los juguetes para escudriñarlo que hemos inventado están a la medida de nuestra miopía. Pero medimos su esfera con el metro de la poesía y del arte

Llenas el universo, como se ha dicho. Llenas nuestro globo y te manifiestas en cada pedazo de materia inorgánica u orgánica. En los mares y en las altas montañas, en los desiertos, en las selvas, en las llanuras, en las pequeñas poblaciones primitivas, en las grandes concentraciones urbanas y ultramodernas de lo que nosotros llamamos Europa, América, Asia, Oceanía o Africa.

Permaneces entronizado en las demás estrellas, que por millones se organizan en torno a nuestra Vía Láctea y tu cosmos se extiende más allá, a distancias que nosotros medimos en millones de años luz pero que tu las ves y las percibes fuera de nuestro tiempo y de nuestro espacio, porque trasciendes tiempo y espacio.

“Eres el Señor en la Nebulosa de Andrómeda, en la Nube de Magallanes y en las galaxias alfa, beta, gama y omega. Eres el alfa y el omega porque eres el principio de todo y eres el fin de todo. Los cielos con sus astros proclaman tu gloria. Nosotros  te glorificamos, y por eso aspiramos a que sea SANTIFICADO TU NOMBRE

Nombre indefinible. Absoluto porque no alcanzamos a percibir lo infinito por nuestras miradas limitadas; y te llamamos el Altísimo,  porque te consideramos lejos, muy lejos de nosotros, porque nos falta la fe y no reparamos en que estás dentro de nosotros porque tu Espíritu nos alimenta y dentro de ti vivimos, nos movemos y existimos, según dice de ti s preclaro mensajero. También te llamamos el Señor y Dios y el Eterno y Motor Primero, la Materia. Te buscamos.

Tu nombre ha tomado diversas denominaciones dentro de la memoria mágica de generaciones y  generaciones que te han temido o te han amado. Y eres Alá, Hitzilopoztli, Ahrimá, Astarté, Jehová o Quetalcóatl, Materia, Cosmos, Indefinido. En todos tus nombres se encuentra la angustia y el interrogante del ser que sufre y  pide compasión o del ser que goza y se proyecta (en sublimación).

Santificado sea tu nombre, tu mismo, ahora y hace miles de años y dentro de miles de años más mientras haya hombres y dentro de millones de años mientras haya aún seres inteligentes en el cosmos pasando por  su definitiva creación; y millones de millones de años multiplicados hasta el infinito sin límite ninguno, cuando ya no haya hombres sobre la Tierra como los conocemos y cuando ya sobre ningún  planeta ni estrella ni constelación ni galaxia haya seres en proceso de perfección, sino todo se haya consumado en ti, para que seas todo en todos, como dice tu mensajero, cuando HAYA VENIDO SOBRE NOSOTROS TU REINO.

Reino ciertamente aún lejano, pero que comenzamos nosotros mismos a construir, con tu ayuda, sobre la tierra. Pero ves cómo nos resistimos a construir tu reino. Tu en la persona de tu hijo Jesús te manifestaste a nosotros y nos enseñaste lo que es tu reino, “donde hay muchas moradas” para todos.

Pero hay entre nosotros resistencias no sólo a construir el reino, sino también a considerar factible que ese reino  pueda construirse y aún, que pueda existir. Hay pánicas resistencias a construir tu reino entre quienes creen que la verdad absoluta se ha descubierto ya y que son los poseedores de la misma. Otros nos resistimos a construir tu reino de justicia, aun cuando nos confesemos seguidores y la Tierra está llena de injusticia.

En cambio,  ves qué lejos está de venir tu reino de justicia: el hambre amenaza a millones de hombres a quienes se ha dicho no se preocupen del alimento, porque los pájaros no trabajan y bien que friegan en siembras y cosechas hasta invadiendo la propiedad privada, y bien que comen y beben.

Cuántos millones vegetan sin porvenir, sin alimento ni vivienda, víctimas del despotismo, tratados como cosas cuando debieran verse como centros de conciencia que de alguna manera te refleja en tu imagen.

A pesar de todo necesitamos, sin embargo, acelerar la construcción de tu reino que es don. Aún así, en el aquí y ahora, que las estructuras de poder, y esto parece una utopía, se pongan al servicio de todos pero no sólo en servicio de clanes, castas, mafias y grupos del poder o el del dinero, manejados tal vez por los  imperios que ahora se disputan la Tierra.

Aspiramos también a que líderes de la política conciban al mundo con visión planetaria de promoción humana,  pero no experimento para sus pretensiones de poder y de dominio. Y queden en los archivos de la historia las pretensiones de imperios únicos y llegue el imperio planetario, el de todos, pero sin hegemonías ni ejércitos privados, sin bancos del dinero usurpadores de los bienes comunes ni bancos de datos que niegan el saber y fomentan las ambiciones de poder y dominio y ven al hombre de carne y hueso como ficha, cifra, referente estadístico y no corazón que al amor aspira.

Que se vea al cuerpo como recipiente del amor y de la ciencia que articula al Cosmos, y no esclavo de rufianes que lo insultan con sus manejos violentos y artilugios que lo instrumentan para ganar dinero.

Que tu reino empiece a establecerse en cada uno de los países que conforman la Tierra, los desarrollados o no, los ricos y los pobres, los que hoy por hoy se organizan conforme al sistema capitalista o su tendencia se llama socialista. Los que hablan en griego, hebreo, o latín transformados una vez que el Espíritu sopló tanto en el Hebreo como en el Griego, o en el país del Lacio, en lo que hubo y hay en todos, de humanismo.

Lo sabemos, Señor, que el  implante de tu reino en estos términos y tierras, es difícil y lento. De todas maneras, que venga tu reino a través de la ciencia y de la técnica, en los avances cada vez más acelerados en sus descubrimientos, hasta que no quede rincón de la Tierra que no haya penetrado el ojo, oído, el tacto, el olfato y el gusto de la curiosidad humana.

Que no quede partícula desconocida por nosotros y tampoco rincón alguno inexplorado dentro de la entraña de la Tierra y dentro de la entraña del mar y sobre la superficie de  la Tierra en sus montañas, sus praderas, sus desiertos y en sus lagos y ríos y en sus superficies desoladas por el hielo, o las arenas.

Que el globo terráqueo sea tan transparente para el hombre como lo es un cristal. Y que no quede, después, ningún rincón ignoto para el hombre en torno a su Sol y sus planetas y tampoco enigmas en torno a su Universo, las estrellas próximas y lejanas, las nebulosas cercanas y lejanas.

Que conozcamos si definitivamente, como lo creemos algunos, tu Universo está poblado también, en todos sus rincones, por seres vivos e inteligentes, en mayor o menor proceso de crecimiento, vale decir, de su creación definitiva, porque evolución y creacionismo, teorías siempre de aproximación a lo que creaste, nunca, nunca ni ahora, serán definitivas.

Porque el miedo, el temor y el asombro ante lo que tu creaste, nos hicieron sembrar de inquisiciones y pesquisas para causar también miedo y temblor entre tu  pueblo. Pero ahora también los miedos, no a la ciencia, hacen temer que sí, que eso era cierto, sí tuvo principio, sí fue creado y ciencia y fe no son adversas porque los big-bang, los agujeros negros, innumeras galaxias y a lo mejor innumeras creaciones, signos todos lo son de que tú Existes.

Que dominemos, pues sí, sin trastocar designios, a todo tu Universo aun cuando deban pasar años por millones y millones y la naturaleza que nos diste, por obra tuya y fidelidad nuestra, se encuentre mucho, mucho transformada y las formas humanas conocidas en este siglo XX, y en el XXI, ni rastros de ellas haya y entonces pululen por el Cosmos seres cuyos ancestros nacieran aquí, en este vivero de los hombres libres, por cuanto herederos del universo mundo.

Y entonces, Señor, aun cuando habrán pasado millones de millones multiplicados al infinito, habrá venido tu reino. Mientras tanto, desde ahora, construyéndolo, contribuyendo contigo a construirlo, deseamos que  venga a nosotros tu reino,  pero no, no la nuestra sino que HAGASE, SEÑOR, TU VOLUNTAD, ASI EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO.

Prendiste en nosotros un foco de conciencia que no podrá apagar nadie. Muchos consideramos, sin embargo, a tu obra como absurdo. Pero diste conciencia a los humanos, aspiraciones que cultivan la utopía, pero la fragilidad impide realizarlas.

Qué es la Tierra, y suena a bíblico, sino una pequeña cárcel dentro de nuestro Universo inmenso. Hacemos apenas intentos para sobrepasar la placenta de nuestra Tierra y hemos logrado un poco, acercarnos apenas a la ventana de tu Cosmos.

Nuestro cuerpo es sacudido por la llamada a la unión, pero es copada por la limitación propia y del otro. Imbuiste en nuestro corazón (así expresamos nosotros nuestra emotividad y sentimientos), una inclinación irresistible a amar y ser amados, pero ya ves, qué dividido tu mundo. Nos desgarramos unos y otros, en la guerra desde que éramos tribus nómadas, en las selvas o en la arena, hasta que somos naciones; desde el pedernal, la flecha, el arco, hasta el cañón, el fusil o la bomba “inteligente”.

Nuestra sed infinita de amar o ser amado, no logra, a veces, traspasar el narcisismo, el clan o hasta la etnia, porque estamos divididos en sectores, en gremios o en clases. Tú trazaste las leyes de la marcha del mundo, pero nos hiciste libres de tal modo, que nosotros nos ajustamos, o no a ellas.

Si nos ajustamos, creamos ambientes llevaderos para gozo de todos. Si no, creamos, diseñamos, proyectamos y hacemos la guerra, usamos o abusamos de tus bienes y si el caso  amerita, nosotros mismos podremos inmolarnos, mediante la fuerza del átomo, mediante el suicidio social o transmutar con nuestra química el mismo clima, ahora mediante su cambio drástico, por terrible reacción defensiva de la madre Tierra.

Por todo esto y más y porque permites que la historia humana se vaya gestando, con auxilio de  participación directa del hombre, con suma lentitud y en medio de dolores, hágase pues tu voluntad en la Tierra. Y aunque muchas cosas nos parecen incomprensibles y absurdas, y no las entendemos, hágase, sin embargo, tu voluntad en la Tierra.

Y en los cielos: los astros, las estrellas con sus planetas y lunas, las galaxias y nebulosas, los hoyos negros que remiten a lo incomprensible, los universos paralelos y los reinos de los seres que en inconmensurable número pueblan lo creado. Ya sean lo que llamamos ángeles, ya sean los que llamamos alienígenas, ya sean universos de robots o máquinas o ya sean universos biológicos donde se siente, se ama, se goza, se canta, aunque de momento también se llore.

Que en todo el Universo, que surgió de la “Nada”, para nosotros oscura y que ahora ciframos en la matemática, en la ciencia, pero también en la intuición y en el canto,  se cante  la grandiosa, inconmensurable, admirable y bella explosión del Big-Bang. Y ya sea que tu Cosmos se extienda y se contraiga para cada vez en miríadas de millones de años y en cada eón  hacer surgir nuevas, innumeras especies de ángeles, de hombres, que todos los seres, como en el cuadro de  los cuatro Vivientes, te digan Alabado y que seas por siempre, siempre, el Santo, Santo, Santo.

O sea por el contrario que el Universo haya nacido, crezca, se reproduzca y muera, de frío, o de calor, pero después de haber “expulsado”, en el acto creador supremo por tu Nombre, a miríadas y miríadas  de vivientes para ponerlos frente a tu insondable misterio y sean  plenificados así en, en el gozo y la acción permanente.

Porque serían visitantes, turistas de todos los cuatro puntos cardinales de lo creado y serían hechos así  también el corazón del cielo, en contraste,  y además, con universos robóticos, cibernéticos y automatizados, reales o imaginarios, por lo demás virtuales. Pero aún así, que todos los seres, como en el cuadro de los cuatro Vivientes, todos te digan bendiciendo por siempre, el Santo, Santo, Santo.

Y entonces tu Tierrita, como lo dices en las tradiciones, habrá recibido el don de  transparencia, y si ahora, obediente al “crece y multiplícate”, también se vuelvas dócil al “obra la justicia”, y el pan a ti solicitado sea debidamente agradecido y por eso mismo se comparta, habrá recibido entonces para siempre el prometido Pan del Cielo.

—Allí está, mi Musita misteriosa de los vientos y pregunto, si ha de merecer mi comentario alguna opinión profesional desde tu esfera.

—Megalómano, sí, también Narciso. Navegas demasiado en las alturas y así te desentiendes lo inmediato. Crees que si traspasas universos, sofocas con palabras y con frases tu real acontecer y tu miseria. Opinas que las cosas de tu vida se extienden hacia esferas planetarias. Proyectas hacia tiempos infinitos tu finitud tan dolorosa y triste. Expresas en liturgias luminosas la oscuridad de tu conducta tibia. Remites al Big-Bang evolutivo tus rechazos a tesis creacionistas. Exaltas la creación evolutiva, para eludir plegaria y compromiso. Adoras los esquemas de tu ciencia, para copar pasión y sentimientos. Exaltas discurrir en positivo, para eludir la exultación y el arte. Te afianzas en la sombra de tu Padre, para negar el  regazo de tu Madre. Te asomas a fronteras invisibles, y luego renegar de lo visible. Espero que segunda parte, mantenga tu atención en lo concreto: si de veras compartes pan que pides y perdonas de veras las ofensas, si has sorteado el sinfín de tentaciones y si aceptas en verdad al Bien que te libera.

Como digo una cosa, digo la otra y no lo publicites: el afecto que nace, nunca muere; haré realidad tus sueños nobles; si quieres ser creador, creador eres; navegante serás si así lo quieres, por insondables mundos misteriosos; si apeteces amar, serás amado; si quieres poseer, el todo es tuyo. ¿Rey quieres ser?, tendrás tu reino. Vida quieres tener, la vida es tuya. ¿Inmortal?,  por supuesto, no menos de’eso. Pero está con cuidado: desde aquí, más no del todo en esta esfera. Pobre sería la oruga si volara, antes de que fuera mariposa. Después de Navidad vienen las cruces, después viene la Pascua de la Vida. Nada es tan fácil. Los dones se regalan pero no “gratis”. Los dones caen del cielo, pero para apararlos, de veras, te lo digo, no se vale el estar adormilado pero sí vigilante, despertado.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora,                                    Mich., México, VENTANAS, 2—3 B, 1 de Enero del 2006)

 

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(FANT16)

 

 

 

 

LA ORUGA ENDIOSADA

                                                         Silviano Martínez Campos

 

— ¡Riing, Riiing, Riiiiiing!

— ¡Bueno!

— ¡Malo!

—Otra vez usted, sus moditos los conozco y no le digo qué se le ofrece,  porque no ando ni tantito de ofrecido con usted ni estoy a sus órdenes. A las  órdenes sólo  estoy de Quien usted sabe y a Quien usted niega. Qué onda, o qué jáis, y no hago más entrevistas a demonios. De seguro tampoco le gustó la oración esa.

—Ni quito ni pongo, en eso de lo que usted llama oraciones. Sólo le pido, le suplico,  no cumpla su amenaza  de abordar eso de compartir  panes (ve cómo me fue en el desierto). Ni prodigar perdones (ve cómo me fue con los arrepentidos Pedro y Pablo). Ni el asunto de las tentaciones (se acaba mi negocio). Está bien, no me opongo: es siempre bienvenida su religiosidad de las alturas, no compromete. Y entre más lejos esté, en las galaxias, menos perturbaciones hay aquí, en mis fértiles terrenos.

—Lo dicho: cómo es que Miguel lo agarró de la cola, lo zangoloteo y lo lanzó a la Tierra, estando el Universo tan grandote.

—Lo dicho: no tuve tiempo de averiguarlo.

— ¡Sáquese!, voy a escribir mi segunda parte de La Oruga.

Por qué no se queda siempre en oruga, viera (y lo digo por mi experiencia aquella del Paraíso): ¡qué estimulante y seductor es arrastrarse siempre por el suelo! Tampoco, ni tantito compromete. Pero eso de sentirse ya endiosado, o de perdida ángel y aspirar a conquistar el Cosmos, aparte de ser más bien inmodesto, como que desentona en estos tiempos. ¡Oruga sí, mariposa no, oruga sí, mariposa no, oruga sí, mariposa no! ¡Duro, duro, duro!

— ¡Óigame seductor!, grilla no, razón sí, manipulación no, diálogo sí. Pero no es usted interlocutor para mí: sus olores apestosos impiden siquiera acercársele. Váyase, si lo dejan, a orquestar intrigas, a manejar guerras y a llenar cajas fuertes. A mí, lo mío, mi Tierrita, aquí, y allá la otra, la Tierra Nueva.

—¿!, ¿!, ¿!.

—Perdón, Musita adolorida de los vientos, se me cruzó un intruche. No se puede con esa chusma . En qué íbamos. Esto me recuerda, y no lo atribuyo a seductor ninguno,  aquellos rezos del rosario en la capilla,  cuando adolescente,  con las rodillas bien plantadas en la banca, mientras andaba vagando por aquellas tierras  de Africa, acompañando a Julio Estrada en sus “Cien Días de Safari”. O codeándome, ¡hazme favor!, con la realeza europea, pero en plenos Siglos XVI ó XVIII. Ya apuntaba  la megalomanía. Con razón el maestro nos conminaba cada rato en clases al grito de: ¡Ya bajen de la torre de Babilonia!

—No ha cambiado mucho la cosa en  ti: entre más viejo, más… soñador. Y no se puede con esa chusma, es verdad,  son legión: hambre, desnutrición, epidemias, violencias, terrorismos, poderes desbordados, riquezas acumuladas, injusticias por doquier, imperios únicos, cambios climáticos… Y, lo peor, los demonios interiores que  ganan la batalla con los desánimos, el enconchamiento en sí mismo, la pérdida del sentido comunitario, la muerte por hambre, o por hartazgo.

Pero a pesar de la hecatombe, yo no predico ni tirrias ni zozobras ni rencores. Ilumino la Tierra más no respondo por los eclipses tenebrosos con que tu mismo la encubres. Si he de ser camino, no respondo de las veredas elusivas que tu mismo construyes; si he de ser verdad, no respondo de tu dialéctica libresca con que llenaste bibliotecas; si he de ser vida, es cosa tuya que te escudes en esa cultura, la cultura audiovisual de  tu santa muerte.

—Me la pones difícil. Dime entonces, con qué cara pido el pan cotidiano y si lo recibo en abundancia me niego a compartirlo y mi consumismo no sólo enajena mi espíritu sino destruye con su química agraria los plantíos necesarios para que otros coman. Con qué cara entonces solicito perdones si a la mera hora se los niego a otros y siembro mi planeta de odios y rencores,  justificados con la ideología del bienestar y el orden. Cómo pido ser liberado del mal,  si yo mismo lo fomento, ya con la pasividad cómplice, haciéndome de la vista gorda, ante tantas infamias; ya negando que haya, para salir del laberinto, otras salidas que conduzcan, ellas sí, al camino, a  la verdad y a la vida.

Aún así, Padre, el PAN NUESTRO COTIDIANO DANOS HOY, pero hoy, y no mañana, pero aquí, y no en el más allá, aun cuando, eso sí, el del más allá está asegurado. El diagnóstico está hecho y nos regodeamos en repetirlo día con día, con la cantinela evasiva del neófito que no sabía pero ya sabe El que ignoraba el hambre del hermano próximo, pero la descubrió mediante el informe o la estadística. Y que mediante el informe y la estadística la quiere remediar por la dificultad que entraña el hacerlo en el aquí y en el ahora, porque realmente lo inmediato compromete y es difícil hacerlo con el que tiene al lado.

Porque es más fácil elaborar planes quinquenales, de un año, o de  sexenio, que formar comunidad liberadora de sí misma. Es más fácil recoger basura que tener la valentía y el arrojo de no tirarla. Es más fácil limpiar ríos, lagos, corrientes y estanques, que acabar con fórmulas mortíferas. Y siempre, siempre, más fácil cosechar que preparar la Tierra.

Por eso, Padre, danos el Pan que tu prometes, el “epiousios” que dicen tus sabios, el supersustancial que alimenta y trans-forma, el que nos conduce a la meta-morfosis, la trans-formación del sí mismo para entonces sí, “endiosarnos” y ser “endiosados”, pero no a la manera de los poderes, sino a tu manera, tu manera amorosa  y callada que transforma, en el silencio y la modestia, a  la oruga en mariposa.

Y así, sí, si somos fieles a la Vida, te confesemos o no, podremos aprender a compartir el pan cotidiano, hecho de la semilla que tú plantaste, amasado por nosotros que somos, eso sí, los responsables en cultivarlo,  repartir y compartirlo.

Por eso mismo, PERDONA NUESTRAS OFENSAS, de las cuales hemos colmado la Tierra. Pero no esas ofensas que te expone a diario, desde el reclinatorio, desde la asamblea ritual, desde el silencio dolorido del rincón solitario, el corazón contrito. A ese le contestas tú, Amoroso, y de  inmediato, con la caricia amorosa y la ternura de la Madre.  Porque más tardamos en solicitar perdones que tu en prodigarlos sin medida.

Sino esas ofensas de tu pueblo en la Tierra. La Tierra que ha sido devastada por la codicia y el apetito depredador del hombre. Y los bosques, selvas, ríos, lagos y mares sufren el atentado de la química humana que ignoró el equilibrio entre el crece y multiplícate, el domina la Tierra, dirígela pero  la destruyes si cometes la injusticia.

Perdón porque hicimos una civilización maravillosa pero injusta, y los Epulones de la historia extendieron sus tentáculos de conquistas por todos los rincones de tu mundo para llenar sus graneros y sus trojes, dejando a los Lázaros sólo las sobras y las míseras pepenas.

Aun cuando es maravillosa tu Tierrita y la dejaste en nuestras manos por aquello de que si no nos gustó como la creaste la hagamos como queramos, somos libres, perdónanos porque no hemos estado a la altura de nuestra prometida grandeza. No habrá maravilla tecnológica que pueda opacar el hecho de que un joven descarriado asesine, mate. Ni que un poder desbordado espante al mundo con sus armas terríficas durante una guerra invasora.

Perdona porque hemos hecho de la política, tan noble como la concebía el sabio griego, un juego de intereses innobles al servicio muchas veces de los arribismos personales o de grupo, de la transnacional petrolera o del consorcio guerrero, pero poco promotora del decantado bien común, muy predicado aún desde el púlpito, pero escasamente practicado.

Y perdón también porque hemos hecho de la cultura un negocio, más que vehículo de promoción humana, en este caso encerrado en cenáculos, tertulias y entretenimientos elitistas. Porque la música del pobre Beethoven o del inestable Mozart salió a la calle, o a la pantalla, pero para animar comerciales. Y porque renunciamos, en el aquí y el ahora, en actitud vergonzante, a cantar con las Jilguerillas o con los artistas purépechas,  la música que sale de nuestras entrañas campiranas, y al contrario nos adherimos al movimiento universal de las nuevas ondas, lo que es bueno, pero renunciamos a expresarnos como nosotros mismos.

Dejaremos pendiente, por siglos todavía, el COMO TAMBIEN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN.

—Riiiing, riiiing, riiiing. ¡Bravo, Bravo, así se hace, así se dice!, pendiente, pendiente…. ¡Duro, duro, duro!

— ¿Oíste, Musita adolorida de los vientos, una interferencia?

—No hagas caso. Nada conviene más al adversario, que un corazón empedernido.

—Aún así, en el aquí y el ahora, perdonaremos  las ofensas de masacres y holocaustos y que levante el dedo el pueblo, o nación libre de culpa, en grande o en pequeño. Pero  no se olvidará, será una ley perpetua, para que nunca, nunca más, vuelvan al mundo las  insanias.

Y por eso mismo, Padre, LIBRANOS DEL MAL. El mal para nosotros un misterio, cuando limitados tratamos de penetrar en sus causas muy profundas. Pero el mal que vivimos en la desolación y el desánimo. El mal que nos agobia por todos lados en estos tiempos finales del siglo y del milenio. Porque si terminó en el calendario un siglo y terminó un milenio, los males heredados continúan y la hecatombe del cambio no ha logrado cambiar esquemas recibidos.

Que el fin del mundo, este mundo rural y agrario por nosotros conocido, no desemboque en el fin de tu pueblo ingenuo, el que se alimenta de manera inmediata de los humores de la Madre Tierra. El que con sus guaraches o botas rústicas la acaricia y con sus manos la toca y la mima y con sus oídos, oye y escucha sus susurros en vientos y mareas y con sus ojos admira lo bien que fue hecha, aun cuando en ella predomine también la ley del toma y daca, del que se inmola para que otros vivan.

Que la sociedad tecnológica naciente, la del conocimiento y saber virtuales, no sea el fin de la especie en catastrófica, apocalíptica, autoinmolación del hombre. Y, por el contrario, el ser hombre en la nueva era implique mayor  y purificada devoción al ser vivo, aun cuando se afiance y consolide la visión del hombre cósmico, al igual que hijo de la Tierra, heredero de los cielos estrellados.

Que los miedos por el no saber y no entender lo que viene, no castren los sentimientos nobles que adornan a tu pueblo, nobles sentimientos que se vuelven amoroso apoyo solidario en tiempos de desastre y dejan manifiesto el rostro bondadoso de tu obra, de tu imagen, fructífera cosecha de la semilla sembrada en aquel por tu Palabra. Fin.

—Viene tu crítica, Musita adolorida de los vientos.

—Debes cambiar el título, debes suprimir el “fin”. Siempre hay interferencias al principio, siempre hay interferencias en el fin. Cuatro semillitas cayeron en tu suelo fértil, pero una al cruzar tu cielo resultó averiada. El fin llegará cuando todos tus esfuerzos, todos tus afanes los centres en curar la semillita insana para que ella también disfrute de los bienes de tu Tierra.

Cultivas, riegas, atiendes en tu huerto a la plantita bella, para que sea más lozana y atractiva; pero no abandones a la frágil, la lisiada, la humildita, para que ella también coma y  beba, para que ella también disfrute y se solace con la savia y el maná sabroso de la Tierra. ¿Y qué si ella, la última es después la primera? Desecha tus temores: en la gran casa ciertamente hay para todos. Y como dice el sabio, tampoco hay epulones excluídos; pero no como aquí: criterios arbitrarios no funcionan.

— Cambiemos pues al alimón, Musita, el nombre de la oruga voladora. Porque si ya vuela, eso quiere decir que algo en ella no funciona. Que se renombre pues y se le llame la oruga trepadora.

—Trepadora, es mejor, aun cuando tampoco encaja. ¿Estás seguro de alcanzar en tus afanes la inmensidad del Universo mundo? Llegarás si acaso a los planetas y a sus lunas y muy si acaso a la estrella más cercana. Cura tu fantasía, al cielo  no se llega cual la mortal oruga.

— Empiezo a comprender, Musita, los planos en que tu te desenvuelves. Otra dimensión, si es que lo entiendo, imposible de remontar por la oruga si no antes se convierte en mariposa. Cambiemos pues el nombre: la clave de la oruga voladora.

—Empíezas a entender, pero aún falta. Si centras tu saber en el entendimiento, inventas y diseñas claves. Y luego diseñas tus sistemas en torno al intelecto. Después absolutizas bibliotecas y saberes, para luego defenderlos con las armas. Es cuando te domina el miedo de perderlas y vienen los gulags, inquisiciones, tu ley inamovible del mercado, vienen las arrogancias del partido, de curias medievales; de cruzadas, antiguas y modernas, las que rescatan templos o inmolan sacrificio al dios  petróleo.

—Y así nos endiosamos los sistemas, confundimos los reinos con las curias,  y al pueblo con todo el aparato. Predicamos libertad, pero la libertad transnacional con que destruye al mundo.

—Encontramos la clave, muchachito. La oruga endiosada, es la salida. El hombre penetrado de infinito, endiosado por don aún como oruga, para que sea él mismo el que descubra el Cosmos, pero sólo convertido en mariposa.

— ¡Es fácil de entender!, haberlo dicho. Para mí que la clave, es la Palabra, pero bien en la oruga penetrada… y encarnada. Endiosada con la ley del amor y la ternura, para que no tenga más miedo y así comparta el Pan que le llega regalado y el pan cultivado con sudores. ¡La oruga endiosada desde arriba, para que ella no se endiose desde abajo!

 

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, VENTANAS, 4—5 B, 22 de Enero de 2006)

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( UN ENLACE SUGESTIVO: http://lavozdelmuro.net/33-imagenes-que-haran-replantearte-tu-existencia/ )

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http://silvianomartinez.wordpress.com/suenos-guajiros-rusticos-vi-con-introduccion-del-11-viii-014/

http://laantenaplanetaria.wordpress.com/mi-caminar-silviano-martinez-campos/

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MOSAICO, 4-XII-014

Martínez Campos, 4/XII-014

GUIA

MOSAICO

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 4 de diciembre. POR MI ESCUELA de periodismo, la “Carlos Septién García”, sin presumir, la mejor en su género en México, han pasado generaciones de estudiantes que luego han incursionado en los diversos medios escritos y electrónicos. De orígenes modestos y de orientación confesional en sus inicios, se convirtió en el mejor semillero del periodismo, profesión u oficio, como el que más debatido, cuestionado, vilipendiado, pero también admirado. Multitud de profesionistas, ahora también con títulos y postgrados, pero en mi tiempo, principios de los sesenta, era, aún, una escuela para trabajadores. De allí salimos la primera generación de diaristas, que impulsados por su director el Profe Alejandro Avilés Inzunza, conformamos una agencia de noticias para radio y medios provincianos. Allí estuvimos Elías Chávez, Joaquín Herrera, Luis Mayén, Arturo Alvarez del Castillo, Jesús Munguía, Salvador Estrada, Fernando Covián, y Silviano Martínez, si la memoria no me falla medio siglo después. Fuimos, pues, creo, pioneros en el diarismo, egresados de una escuela que enseñaba los elementos del oficio, el cual por lo demás se va aprendiendo en el curso de una vida. DE ESA ESCUELA, y la lista es larga, salieron personalidades que se han desempeñado y se desempeñan con todo profesionalismo, en los diversos medios, incluidos los nuevos electrónicos. Siempre se ha debatido cuál es la exacta dimensión, en teoría y en práctica, del oficio periodístico y quién es o no es periodista. Lo apasionante, es que procedentes de escuelas o no, aquí estamos y en el oficio hay también aberraciones, pero hay también sublimes vocaciones. HAY VOCACIONES EJEMPLARES, aun cuando cada uno de nosotros “tengamos lo nuestro”. Una de esas vocaciones, la de Vicente Leñero, escritor, periodista, que acaba de fallecer, a los 81 años y recibe todos los honores y reconocimiento por su gran trayectoria, por su gran obra. Enseguida, un poco de texto de su discurso con motivo de la distinción que recibió en 2010, como galardonado con el Premio Nacional de Periodismo CSG, de la escuela donde se inicio en el mundo de las letras: “4 noviembre, 2010 .Se ha convertido en lugar común, cuando se distingue o se premia públicamente a alguien, que ese alguien diga de botepronto que el reconocimiento lo honra, lo enorgullece, lo apabulla, lo considera inmerecido. Tal es mi caso hoy, cuando me siento literalmente abrumado es esta cálida ceremonia, y me veo impedido a utilizar la mentada cantaleta, pero no como un cajonero lugar común sino como una franca y sincera reacción que me envuelve las vísceras, el alma toda, porque proviene de mi querida escuela Carlos Septién García. Ella se encuentra en el origen mismo de mi condición de periodista y escritor. Ella es el germen de mi vida profesional. A ella le debo haber abandonado una insegura carrera de ingeniería para abrazar –como suele decirse con otro lugar común- la actividad que dio soporte y sentido al pedregoso camino emprendido desde joven hasta hoy, en la vejez. Debo confesar que yo no ambicionaba convertirme en periodista. Estudiaba números pero pretendía, con ofuscación, domeñar las letras, las palabras, el difícil arte del fraseo y la composición del lenguaje escrito. Quería eso: ser escritor, y una escueta mención relacionada con el inicio de cursos de una escuela de periodismo, leída en Excélsior, en la columna de un especialista en espectáculos que se apodaba Lumiére, me encandiló de golpe.  Qué tal si inscribiéndome en esa escuela lograba yo aprender los secretos necesarios para escribir bien mis tropezados cuentecillos y poemas de mi adolescencia. Qué tal si en esa escuela me enseñaban sintaxis, puntuación, ortografía…”. POCO A POCO iremos aceptando, como se menciona ya, que no entraremos al cambio climático, sino ¡ya estamos en él!, estamos ya, pues, en pleno cambio climático y todos los grandes efectos meteorológicos estarán relacionados con ello. Es la mera verdad y es mejor que creamos en la ciencia, “creencia” que debe hacerse, en esta materia, una convicción de todos, comenzando por los políticos  y líderes sociales. Al respecto, una noticia que acaba de surgir en Lima, Perú, con motivo de un evento internacional relacionado con el clima: “LIMA.- El 2014 podría ser el año más caluroso registrado en la historia de la humanidad, si en noviembre y diciembre la temperatura media del aire a nivel mundial se mantiene por encima de los promedios conocidos hasta 2013, dijo el miércoles la Organización Meteorológica Mundial. En un comunicado, difundido en medio de la Conferencia Climática en Lima, señaló que a nivel mundial la temperatura media del aire sobre la tierra y la superficie marina en los primeros diez meses del año fue de 0,57 grados centígrados por arriba del promedio de 14 grados para el periodo 1961-1990 y de 0,09 grados centígrados encima de la media para la década 2004-2013. Los registros mundiales anteriores eran menores”. (www.silvianomartinez.wordpress.com).